Debut, inicio, innauguración, comienzo. Todo nuevo, todo por aprender, por adaptarse, y por descubrir si de verdad es posible alcanzar aquello que mil veces fue imaginado, pensado, vivido, y vuelto a imaginar.
Será que cada vez que se empieza un nuevo proyecto se cumple, casi como una regla general, la puntual e infaltable aparición de sensaciones encontradas. De todo tipo y de diferente intensidad, pero siempre variadas. Porque es tan grande la ansiedad y la fuerza interior, y las ganas, sobre todo las ganas cautivas que funcionan de disparador de un manojo de sentimientos.
Puede ser un trabajo nuevo, rendir un examen, conocer a alguien, poner un negocio, el primer día de clases. Todo eso encierra la misma incertidumbre, la de escalar una montaña sin saber qué hay del otro lado.
Y es por eso que, inevitablemente, en todo comienzo surgen los nervios, la impaciencia, los miedos, la alegría de poder tener la chance de hacerlo, y la preocupación por hacerlo bien. Quizás sea que, además, nos embebemos de esa ilusión que siempre estuvo latente. Esa ilusión que crece hasta dimensiones insospechadas. La misma que va mutando, que a veces se ve disminuída y tan lejana; y otras tan palpable y al alcance de la mano. Va y viene, es tan escurridiza, como correr para atrapar la propia sombra.
Sin embargo, la única manera de alcanzarla es insistir e insistir. Y cuando llega el cansancio seguir intentando insistir. No abandonar esa ilusión. No abandonar el verde esperanza. Siempre verde.
No obstante, en este tiempo el color esperanza fue inesperadamente rojo, con cuatro letras en imprenta mayúscula. Apenas una palabra en luminoso cartel rojo que indicaba el comienzo, el inicio, el debut, la innauguración radial. Nada más y nada menos que eso.... AIRE.
martes 24 de marzo de 2009
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