martes, 24 de marzo de 2009

AIRE.....verde, AIRE rojo.

Debut, inicio, innauguración, comienzo. Todo nuevo, todo por aprender, por adaptarse, y por descubrir si de verdad es posible alcanzar aquello que mil veces fue imaginado, pensado, vivido, y vuelto a imaginar.
Será que cada vez que se empieza un nuevo proyecto se cumple, casi como una regla general, la puntual e infaltable aparición de sensaciones encontradas. De todo tipo y de diferente intensidad, pero siempre variadas. Porque es tan grande la ansiedad y la fuerza interior, y las ganas, sobre todo las ganas cautivas que funcionan de disparador de un manojo de sentimientos.
Puede ser un trabajo nuevo, rendir un examen, conocer a alguien, poner un negocio, el primer día de clases. Todo eso encierra la misma incertidumbre, la de escalar una montaña sin saber qué hay del otro lado.
Y es por eso que, inevitablemente, en todo comienzo surgen los nervios, la impaciencia, los miedos, la alegría de poder tener la chance de hacerlo, y la preocupación por hacerlo bien. Quizás sea que, además, nos embebemos de esa ilusión que siempre estuvo latente. Esa ilusión que crece hasta dimensiones insospechadas. La misma que va mutando, que a veces se ve disminuída y tan lejana; y otras tan palpable y al alcance de la mano. Va y viene, es tan escurridiza, como correr para atrapar la propia sombra.
Sin embargo, la única manera de alcanzarla es insistir e insistir. Y cuando llega el cansancio seguir intentando insistir. No abandonar esa ilusión. No abandonar el verde esperanza. Siempre verde.
No obstante, en este tiempo el color esperanza fue inesperadamente rojo, con cuatro letras en imprenta mayúscula. Apenas una palabra en luminoso cartel rojo que indicaba el comienzo, el inicio, el debut, la innauguración radial. Nada más y nada menos que eso.... AIRE.

miércoles, 18 de marzo de 2009

martes, 17 de marzo de 2009

Si la esperanza es verde, de qué color es la desesperanza?


Si claro, como siempre al final del túnel hay una luz que te encandila o una puerta que te invita a pasar. Una de esas puertas de dos hojas con vidrios de colores que dejan translucir las luces que vienen desde atrás. De esas que resaltan mucho el color verde, me recuerda a esos momentos de encierro y de agobio, poca luz y mucho humo y de repente una bocanada de aire, si a eso me hace acordar. Me veo limpiando mis pulmones con aire fresco.

Pero como te decía hay una luz. Habíamos caminado mucho, hacía ya tres meses que caminábamos. Casi nos habíamos olvidado del objetivo que teníamos al caminar y se había convertido en la tarea diaria el caminar, andar buscando y ya sin esperanzas de encontrar, pero seguíamos buscando.

Sé que es un poco confuso. Si para nosotras ya era confusa la situación, no sabíamos si teníamos algo bueno para dar o si éramos mendigas. Me llevó tiempo darme cuenta, y ahora que me lo preguntas te puedo contestar. Pero como te dije antes, te puedo contestar porque sé lo que es caminar detrás de un sueño. Si me preguntas de qué color es la desesperanza te puedo decir que no sé, de lo que si estoy segura y te lo puedo contar es como se siente. Y solo aquel que la vivió me va a entender.

Se siente mucho dolor, tanto dolor en el alma como dolor en los pies. Te duelen los pies de tanto caminar, te duele la garganta de querer decir y no poder. Te duelen las manos de querer hacer y no poder. No se si es que no podés o es no tener la oportunidad. Así se siente. Pero cuando llegas al final del túnel y abrís la puerta, la que deja ver los colores verdes, esa de la que te hable antes, ahi te das cuenta de que valió la pena el esfuerzo.

En ese momento te das cuenta de que durante mucho tiempo sentiste desesperanza, te das cuenta de que no sabés de que color es, pero si sabés que la esperanza es verde, tan verde como las plantas, como las plantas que ves cuando salís de un lugar oscuro y agobiante y que te soplan en la cara el aire fresco que te limpia los pulmones.-